La reflexología es una técnica antigua que manipula los puntos de presión en las orejas, las manos y los pies para mejorar la salud y el bienestar en general. Esta técnica se basa en la presión de puntos conectados con el resto del cuerpo. Cuando se masajea un punto concreto es cómo si se masajease un órgano, músculo u otra parte del cuerpo.

Vamos a hablar de la reflexología podal qué es la más conocida.


En el mapa podal se observan todos los puntos sobre los que se trabaja en una sesión. Presionando en un punto concreto el efecto que se consigue es mejorar sintomas relacionados con ese órgano, músculo, etc.

Con sesiones de reflexología se consigue:

- Calma estrés y la ansiedad.

- Activa la circulación sanguínea.

- Dolores de espalda.

- Mejora las migrañas o dolores de cabeza.

- Ayuda a mejorar el dolor menstrual.

- Estimula hormonas.

- Mejora el insomnio.

- Transtornos digestivos.

Los beneficios son muchos y tras una sesión de reflexología podal se alcanza un profundo estado de relajación y calma profundo. Es un complemento ideal para estados de ansiedad.


MUY IMPORTANTE: este masaje no sustituye nunca a ningún tratamiento médico, ni prueba, ni consulta. Es una ayuda, muy buena pero de manera paralela.

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Actualizado: 15 ene 2021

Cada vez que oímos esta palabra: “ansiedad”, entramos en pánico e hiperventilamos y nunca mejor dicho. La ansiedad, tal y como la conocemos hoy por hoy, tiene una connotación muy negativa, que la tiene no nos vamos a engañar. La ansiedad, propiamente dicha, es una defensa natural del cuerpo. Si nosotros estamos en mitad de la Savannah y nos aparece un león, esa adrenalina que nos produce la ansiedad es la que nos hace correr como si no hubiese un mañana para ponernos a salvo. Pero, ¿qué sucede cuando nos da ansiedad en nuestra vida y sin motivo aparente? Si, digo sin motivo aparente porque detrás siempre hay un motivo, una causa aunque, a priori, desconozcamos cual es. Pero vamos por partes.


Cada vez que oímos esta palabra: “ansiedad”, entramos en pánico e hiperventilamos y nunca mejor dicho. La ansiedad, tal y como la conocemos hoy por hoy, tiene una connotación muy negativa, que la tiene no nos vamos a engañar. La ansiedad, propiamente dicha, es una defensa natural del cuerpo. Si nosotros estamos en mitad de la Savannah y nos aparece un león, esa adrenalina que nos produce la ansiedad es la que nos hace correr como si no hubiese un mañana para ponernos a salvo. Pero, ¿qué sucede cuando nos da ansiedad en nuestra vida y sin motivo aparente? Si, digo sin motivo aparente porque detrás siempre hay un motivo, una causa aunque, a priori, desconozcamos cual es. Pero vamos por partes.


Cuando sufrimos ansiedad, lo primero que tenemos que pensar es que algo no funciona bien. Algo en nuestra vida, pasado o presente, nos atormenta y en ocasiones sin ser conscientes de ello. Hay que parar, es el momento de reflexionar. Primero controlar la sintomatología, si es necesario, hoy en día hay muchos métodos para hacerlo, cada uno puede aceptar el que mejor le va. Quizás en nuestra vida las cosas no son como esperábamos, sentimos una preocupación excesiva o nos desbordan los problemas. ¡Para!, hay solución. Las terapias suelen ser muy efectivas para llegar a la raíz del problema: con psicólogos y sus diferentes ramas, terapia regresiva, etc. A partir de ahí, hay que tomar conciencia y empezar a usar herramientas para controlar la ansiedad.


Cada caso es distinto, cada persona tiene una vida, creencias y experiencias diferentes pero en lo que suelen coincidir la gente con ansiedad es en lo caótica, estresante, inconformista y frustrada que han sido sus experiencias. Partir de un cambio de vida es un buen comienzo para atajar esta enfermedad. Cuando digo cambio de vida no me refiero al cambio idílico de dejar la ciudad e irse a vivir a un maravilloso cottage en el campo. Hablo de cambiar hábitos, de empezar a hacer introspección. ¿Qué hay en tu vida ahora mismo? Puede ser una relación tóxica, puede ser una carrera frustrada, pueden ser unas metas no alcanzadas, puede ser un problema del pasado, un trauma vivido, problemas económicos, y así podríamos continuar la lista. Piensa y actúa, cambia hábitos, pequeños, empieza a meditar, incorpora el yoga, hazte horarios para cumplir rutinas que te aporten felicidad, deporte, haz deporte, de carácter obligado. El deporte genera endorfinas, encargadas de darte esa sensación de bienestar. Cambia tu alimentación. Hay comidas que nos ayudan con la ansiedad, como los frutos secos, por ejemplo, los pistachos.

Poco a poco, irás notando que tu vida se ha desordenado para volver a ordenarse y que has dado el primer paso para ahuyentar los fantasmas y comenzar tu crecimiento personal.




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